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Pequeño Guzmán + Joven Talita

Tristeza

Se murió un pedacito de mí

por Talita

Hace un mes se me murió Guzmán. Ese gato precioso que ven en la cabecera de este texto. Algunos ya lo conocerán de pasada (aparece en algunas fotos de la página) y otros habrán tenido el privilegio de tenerlo a upa. Pero naturalmente a quien más nos falta es a nosotros, a Axel y a mí.

Estoy haciendo una fuerza bárbara para escribir esto, pero es que siento que no puedo seguir publicando si no hablo de mi coco pelú. Lo extraño todos los días. Me voy acostumbrando a su ausencia, pero igual el hueco sigue ahí. No quiero acostumbrarme a que no esté, pero tampoco quiero estar triste todo el tiempo. Una de las tantas contradicciones que siento.

También he estado pensando mucho en lo que significa tener una mascota, y lo que una mascota significa para cada uno. La responsabilidad de tener que cuidar a un ser vivo; lo contradictorio de que algunas criaturas sean animales de compañía y otras comida; lo absurdo de tener a ese pequeño prisionero en tu casa... y el peso de decidir cuándo debe morir.

Si tienen mascotas con suerte se les mueran de viejitos, pero probablemente a muchos les toque (si no les ha tocado ya) tener que tomar la decisión de ponerlos a dormir. No hay lógica que valga: Guzmán ya estaba en la última etapa de una insuficiencia renal, además de haber tenido siempre alguna enfermedad paralelamente. Había dejado de comer y los análisis de sangre mostraban que sus riñones ya habían dejado de funcionar por completo. Y aunque sabía lo que tenía que hacer, aunque ya habíamos hablado con Axel de que no queríamos que sufriera, aunque ya sabía lo que el veterinario me iba a decir después de ese último control, me costó horrores llamar por teléfono para decir que lo llevábamos ese mismo día. Y la culpa que siento por haberlo hecho roza lo absurdo. Sentí que lo estaba traicionando, porque yo sabía lo que estaba pasando y él no, porque yo estaba decidiendo el momento exacto de su muerte. Como si la muerte no fuera puro desconcierto, da igual el día o la hora.

Ahora estoy mejor. Creo que el que sigamos hablando de él, que nos acordemos de las cosas lindas, que veamos fotos, nos ayuda. La ausencia se puebla de recuerdos y poco a poco voy entendiendo que hice todo lo que pude para que fuera un gatito feliz.

Guzmán y Talita