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Perejiles

Tenemos tanta suerte

Recién llegados a Berlín

por Talita

Hace 5 meses llegamos a Berlín y ya tenemos de todo. Tenemos plata para comer, casa donde vivir, escuela donde estudiar. De la economía por ahora se encarga el estado, pero la logística tiene mérito propio. Hemos sabido atornillarnos a la silla al grito de “wir sprechen Englisch, wir sprechen nicht Deutsch!”, consiguiendo así entrar en el sistema. Hemos encontrado un lugar donde venden Canarias y, más aún, hemos encontrado una página de internet donde es más barata y encima te la traen a casa. Pero nuestro mayor logro ha sido quitarle la casa a un par de italianas.

Todavía recordamos el momento de “che, qué buena está esta casa… ¿te imaginás que nos pudiéramos quedar acá?”. Pues diosito así lo quiso. Quiso que la inquilina oficial fuera una señora pasota que hace un año no pisa Alemania, quiso que Herr Schmidt (San Herr Schmidt para algunos) fuera también un señor pasota a quien no le interesa quién vive su casa mientras esté allí legalmente, y quiso que Kaisa, la finlandesa que vivió durante todo ese año de forma ilícita en el piso, decidiera mudarse no sin antes avisarnos. ¡Halleluia!

Si bien pasamos un par de meses en la inopia, el resultado a día de hoy es maravilloso, porque no sólo despojamos a esta gente de su hogar, sino que tenemos la conciencia limpia por haberlo hecho. Antonietta Berlusconi1 no se dignó a respondernos un sólo mail ni a hacerse cargo de su situación. Fue gracias a su hija que pudimos hacerles saber que Herr Schmidt ya no las quería de inquilinas y que sus cosas iban a ser colocadas en un desván por si quisieran volver a buscarlas.

Sí, tenemos mucha suerte. La casa ya es nuestra y, ante la evidencia de que a las Berlusconi les importa un comino, también es nuestro el mobiliario que en ella quedó. Y el lavavajillas. Y la ropa que me andaba.


  1. Nombre ficticio para evitar posibles problemas legales.